Hola! Soy ese post de principios de octubre que os dice todos los años que DIOS MÍO, CÓMO PUEDE SER QUE EL NANO YA ESTÉ AQUÍ Y YO CON ESTOS PELOS. Efectivamente, el NaNo ya está aquí (Y YO CON ESTOS PELOS), y una vez más salimos de nuestros respectivos bosques para reunirnos a las puertas de Mordor, dispuestos a derramar sangre y lágrimas por esas 300 palabras más antes de irnos a la cama.
Si estás leyendo este blog posiblemente ya sabes más que de sobra todo lo que digo por estas fechas. Creo que todo el mundo debería unirse al NaNo y escribir, aunque esté mal, aunque de 50mil palabras 30mil sean basura, aunque me gimoteen “No puedo más” mientras les grito que se levanten y se sienten al ordenador para completar su cuota diaria. Posiblemente te he gritado que te levantes y abras el Word más de una vez, y espero que tú me lo hayas gritado a mí si me veías por Tumblr antes de poner ese numerito de la hoja de Excel mágica en verde. Nos imagino como los veteranos de la guerra del Vietnam en las series americanas, hablando de noviembre junto a la luz que entra en puntitos en nuestra cocina sin recoger, a través de las típicas persianas feas de cojones que suelen tener esas casas. Sabemos lo que hay pero, cual ladrón retirado al que le ofrecen un último trabajo, volvemos a por más, como si se nos hubiera olvidado la semana dos cada año, y se nos empañan los ojos al recordar aquella tarde que alcanzamos 3mil o 5mil palabras de un tirón gracias a una botella de sidra y un chat de doce horas con un compañero en desgracia.
En general el NaNo es un poco así, tortura, desolación y el alivio enorme de haber llegado vivo a Diciembre/el Monte del Destino/un paraíso fiscal.
Y todo eso está muy bien, pero el otro día me puse a pensar en si no podríamos llevarnos algunos farolillos chinos de colores de los que funcionan con luz solar para adornarnos las barricadas y alegrarnos tanto derramamiento de sangre orca. Me explico, antes de que penséis que me estoy ablandando: sí, una de las cosas guays del NaNo es escribir tal como nuestros desviados cerebros nos piden, muchas veces conscientes de la diarrea verborreica y adverbial que estamos dejando caer en nuestro procesador de textos preferidos. Está muy guay. Es una gozada llegar a la cuota diaria y ver cómo el cuadro del Excel se vuelve verde, o ir comprobando en el perfil de la página oficial que seguimos por encima de la línea maldita, y así día tras día, sobreviviendo a la semana dos (se me nota el terror?), volando a través de la semana tres y, finalmente, llegando a ese momento en que la cuenta de palabras te dice que puedes recuperar tu vida. Como decía, eso está muy bien. Si no está roto, para qué arreglarlo?
Pero al menos en mi caso la constante es que por cada miligramo de adrenalina y emoción porque la cuenta de palabras está subiendo, hay otro miligramo de malrollismo porque “dios, esto no hay por dónde cogerlo”. Que es verdad, pero es una verdad un poco porculera y por tanto susceptible de ser adornada, por no decir lanzarnos a mentir como cosacos, aunque sea obligados. Y se me ha ocurrido que lo que podríamos hacer, porque esto siempre ha sido algo que me pasaba por la cabeza en plural, sería obligarnos a buscar lo bueno. Que cuando terminásemos nuestra parrafada del día, en vez de irnos a la cama pensando “bueno, otro montón de mierda” o “voy a ir poniendo esto en rojo para borrarlo luego”, nos forzásemos a echarle un vistazo y a buscar algo, cualquier cosa, por la que darnos una palmadita en la espalda. Algo que nos haga pensar “pues aunque sea sólo por esta frase, ya he hecho algo de provecho literario”.
Resumiendo, lo que me gustaría es que cada día del NaNo la gente se liase la manta a la cabeza y eligiera e hiciera pública (o compartiese con dos amigos íntimos, yo qué sé, lo que queráis) la frase que más le guste, que más le emocione, que mejor le suene, de lo que haya escrito ese día. Sin contexto, sin spoilers, sin ninguna información más que un montón de palabras que por algún milagro de la teoría del caos han caído de mejor manera que las 1997 restantes.
Por supuesto, me fallan las infraestructuras. Me hubiera gustado crear alguna clase de página pública donde pudiera entrar cualquiera a subir su frase, sin tener que hacerse cuentas en más sitios (porque todos tenemos ya demasiadas cuentas en demasiados sitios. Esto es así), sin tener que añadirme a amigos, sin tener por qué ni conocerse entre sí. Internet tiene muchas cosas guays pero no he encontrado una que me valiera a la hora de hacer esto sin tener que complicarme la vida más de lo necesario, así que finalmente he desistido.
Yo lo haré en este blog, cada día de Noviembre* (puede que un poco temblorosamente los primeros días, porque me voy de viaje), y me encantaría leer vuestras frases, ya sea en comentarios, en vuestros blogs, por Facebook o en papel perfumado atado a la pata de un cuervo albino.
*Aviso por si alguien me tiene en el Reader y demás inventos