En cuanto puedas o nunca

Muchas veces me he quedado con las ganas de hacerle una foto a una persona. Me refiero a la gente que todos vemos en la calle, claro está, un chico en el paso de cebra o una señora en el supermercado, pero no sólo a esa. A veces también me he quedado con ganas de hacerle fotos a gente que conocía y gente con la que vivo/vivía, de cogerles por banda un día y dedicarme, durante una hora, a disparar hasta que por algún rebote consiguiera una imagen aproximada a cómo les veía yo en movimiento. Era frustrante que en las fotos sacadas con alguna excusa nunca fueran “ellos” tal y como eran en reposo o en mi cabeza. No eran igual de guapos, de dulces, de alegres, lo que fuera, no era lo mismo. Después me he arrepentido porque algunos se han ido, en otras ocasiones me he ido yo, y otras veces seguimos aquí pero no termino de atreverme a decirles “puedo hacerte fotos durante siglos hasta que te despistes y dejes de ponerme tu cara de foto de la comunión ostiaputacarajo ya?”.

Lo bueno de escribir es que puedes hacer eso mismo y no necesitas pedirle a nadie que haga de modelo. Puedes tener una imagen de algo o alguien y entonces llegar a tu casa o a la parada del autobús o a cualquier sitio con papel y boligrafo o procesador de textos y ya está: lo vuelcas y no tienes por qué arrepentirte. A no ser que no lo hagas y entonces te arrepentirás. En No plot? No problem!, el grandísimo Chris Baty (ese hombre con el que todos queremos casarnos *___*) dice:

“[…] In fact, I had high hopes of delaying any novel writing attempts until I was older and wiser, and had achieved a state of complete literary enlightenment. From this position of all-seeing wisdom, I knew I would have amassed a roster of brilliant, original plots and dynamic, compelling characters. And then I could cherry-pick the best ones for my masterful creation. […] Having written a not-irredeemable novel as a twenty-six-year-old made me realize than “sooner” definitely trumps “later” when it comes to writing. Every period in one’s life bustles with novel-worthy passions, dilemmas and energies specific to that age. The novel I wrote at twenty-six is much different than the one I wrote at thirty, which will (hopefully) be much different than the one I write at fifty. What better reason to get writing now? With each passing era, a new novel is possible. And a potentially great book you could have written slips away into noveling oblivion.”

Ahora, si esa sensación de somewhere a clock is ticking no os ha hecho al menos removeros inquietos y sentiros un poco culpables, podéis dejar de leer.

Como siempre cuando se trata de Chris Baty, esto es una verdad como un templo. La idea que está chillando en tu cabeza no tiene nada que ver con la que chillará en tu cabeza dentro de diez o cinco años. Puede que ahora mismo te interese escribir thrillers fantásticos y dentro de un tiempo novela intimista, y después de eso ciencia ficción. Así que si no escribes ese thriller fantástico en el que estás pensando ahora, cuando quieres escribir thriller fantástico, obviamente no vas a escribirlo cuando lo que te apetezca sea novela intimista.

Es tan simple como eso: si la idea se tiene ahora, si las ganas de hacerlo se tienen ahora, hay que hacerlo ahora. No tiene por qué salir perfecto ya mismo porque para revisar siempre hay tiempo, pero no para hacer esa fotografía o tocar esos temas concretos. Es tan simple como que las cosas que nos interesan ahora no tienen nada que ver con las que nos interesaban a los trece años.

Ahora sé que nunca escribiré la ciencia ficción que comencé a los once años, ni la novela sobre Robin Hood de los trece. Posiblemente jamás termine El Baile de la Medusa y muchísimo menos Los Diarios Padawan. Por qué? Porque puede que todavía me guste la idea, pero ya no ocupa mi mente. Ahora pienso en fantasía y conjuros. El año pasado, en cambio climático y lluvia ácida. Cuando tenía trece años quería escribir novelas sobre adolescentes y su paso a la madurez, y ahora quiero escribir sobre otras cosas y es perfectamente lógico. Son novelas que ya no sucederán, fueran malas o buenas, y le dediqué bastante esfuerzo y mucho tiempo a cada una de esas ideas, tanto como ahora le dedico a La Risa del Fylgia o a 20M3. No resulta frustrante? Para mí, al menos, sí. Que no vaya a terminar El Baile de la Medusa no quiere decir que no me dé pena. Pasé dos años trabajando en ello, pensando en ello 24 horas al día, por supuesto que me da pena. Simplemente no terminé de contarlo cuando debía y ahora tengo otras cosas que contar.

Nuestras opiniones cambian constantemente, aunque parezca que no, lo mismo que cambian nuestros gustos. Igual no son cambios espectaculares, pero son muchos y terminan definiendo qué queremos escribir. Puede que siempre hagamos fantasía pero igual ya no queremos saber nada de los elfos, cuando antes no escribíamos sobre otra cosa, o de repente nos dé por el realismo. Por cada año que esperas a “estar preparado” para desarrollar tu gran obra de arte como crees que se merece, o a esa epifanía mental de argumento glorioso (que, os recuerdo, no existe) Dios mata a una posible novela. A la novela que querías escribir ahí y en esos momentos, que es, a fin de cuentas, lo que importa.