call the waaaahmbulance

Mentiría si dijera que no me afectó el tema del informe algo más de lo que sugería el post al respecto. No por la negativa en sí, que era una posibilidad muy realista y cercana, sino por la forma de la negativa. Y no es una cosa de la que se pueda hablar así por así, porque todos conocemos la historia: aspirante a escritor que manda una novela, novela que es rechazada, aspirante a escritor que se rebota y le busca tres pies al gato. Así pues, la novela fue rechazada y eso es así, punto. Sin problemas.

Lo que me ha frustrado ha sido el informe como informe. Lo que tal vez haya estado paralizándome a la hora de abrir el Word estos meses sin que ni siquiera me diera cuenta ha sido que la persona que ha decidido si pasaba o no pasaba me lo anunciara con errores gramaticales y frases que empezaban en Murcia hablando del tiempo y terminaban en Montevideo preguntándose por los resultados de la liga de carreras de sacos, y un informe de lectura que más que informe de lectura era “yo lo habría hecho así y esa es la única forma”.

Lo que me ha tocado los cojones, hablando mal y pronto, es intentar entrar a un sarao de leones y tigres siendo un pastor alemán, y que el tío de la puerta que dice que no soy lo suficientemente guay para entrar sea un chihuahua medio calvo con tiña.

Puede que haya sido eso o puede que no, que simplemente esté cansada y frustrada porque en realidad pienso lo mismo que el chihuahua (pero con menos orgía gramatical) y jode. Y tampoco me puedo quejar por lo antes mencionado: todo el mundo espera que me queje e insista en que la novela merece la pena y el informe está equivocado. No, coño, la novela obviamente no lo merece. Pero que el informe es un informe de mierda y me han timado bien timada y sin esperarlo, también.