by adhara

“Hola, soy tu manuscrito casi-acabado, y estoy un poco hasta los cojones de que me abras, cambies dos comas y me cierres porque no hay huevos de entrar al meollo de la cuestión y reconfigurar puntuación es tu manera de arrastrar los pies. Tampoco me gusta que en tu paranoia por no volver a perder un doc me hayas copiado en dropbox sin mi autorización y tengas cuatrocientos archivos bastardos con distintas variaciones de mi nombre para diferenciar el progreso de los NaNos, porque es como muy de cobarde. Fíjate en Hemingway, tú crees que Hemingway guardaba veinte copias en veinte armarios distintos de la casa “por si acaso”? No, verdad? Era un tío de pelo en pecho que podía tumbar a whiskys a todos los escoceses de la selección de rugby, el Hemingway, y los duplicados son para débiles. Así que para que aprendas he decidido ponerme de acuerdo con el ordenador para que cuando busques en documentos recientes te mande a una copia que no recuerdas haber hecho en el escritorio, en vez de a la habitual sobre la que trabajas, para que pierdas un poco los nervios cuando parezca que se te ha perdido el capítulo ese que te costó dios y ayuda, papafrita. No sé cuánto tardarás en darte cuenta, pero conociéndote será un buen rato e igual así dejas de tocarme las comas de una puta vez. Lo hago por ti, y también por Hemingway.

Pero bueno, sobre todo lo hago por mí, que me gusta el dolor y tal.

Ciao, bacalao. A mamarla a la Guayana francesa.”