honestidad brutal(-ish)

Hoy, como todas las noches últimamente, hay nostalgia para cenar.

Hace 10 años a estas alturas de octubre éramos unos pipiolos veinteañeros que no sabían muy bien qué implicaba aquello del NaNoWriMo pero que pensaban que sonaba divertido. No recuerdo qué estaba haciendo Fer concretamente pero sé que yo trabajaba en PizzaWorld, estaba pasando por una época personal de mierda y llevaba todo el mes apuntando ideas para mi primera novela original en el reverso de los tickets de caja sin saber muy bien qué hacer con ello.

Era algo extraño, eso de la novela original. Durante muchos años yo sólo había escrito fanfiction, principalmente un fic muy largo de Harry Potter y un montoncillo de drabbles que se me iban acumulando por las esquinas. Algunos de mis amigos no leían fanfiction y arrugaban un poco la nariz cuando hablaba de ello. “Deberías escribir originales, no fic de ese”, repetían con la nariz arrugada. “De qué te sirven 200 páginas de algo protegido por copyright ajeno, escribe algo que igual puedas publicar”. La Adhara de aquella época se encogió de hombros y decidió probar suerte con una idea muy cogida por los pelos que había salido de una pesadilla muy cogida por los pelos también. Los razonamientos de mis amigos me la bufaban un poco, hablando en plata:  nunca he pensado que la fanfiction sea un género menor, y por entonces ya tenía bastante claro que no era ni sería nunca una BNF y si era incapaz de enganchar a la gente con fanfic de personajes a los que ya querían muchísimo menos con algo propio (y ja! EL TIEMPO ME HA DADO LA RAZÓN). Jylian, que resultó ser el NaNo de 2004 (y 2005, y 2007), era más bien un reto, a ver si podía hacerlo o lo dejaba abandonado. A partir de ahí fui dejándome llevar por la inercia. Seguía escribiendo bastante fanfiction pero también originales, y como suele pasar por el mero hecho de escribir unas cosas se me iban ocurriendo otras. Pasaron varios noviembres, fui acumulando originales, terminé un par, fui abandonando fandoms. Se me estaba acabando la inercia y la lista eterna de plot bunnies para originales que tenía en el 2006 perdía interés por momentos. Llegué a un punto en el que ya sólo escribía para el NaNo

En ese punto estoy ahora. A excepción de una cosa pequeñita este verano, no he escrito nada más desde que gané el NaNo del 2013. He pensado en ello? Todos los días. He intentando ponerme a ello? Un par de veces. Me hacía ilusión la idea? No.

Tengo una relación complicada con escribir. Necesito hacerlo pero odio hacerlo. En el proceso de preparación me frustra mi falta de capacidad para crear argumentos con un poco de profundidad. Mientras escribo me siento como si fuera incapaz de encontrar las palabras que necesito. Cuando tengo que releer siento tanta vergüenza que a veces una frase se me queda en la memoria para reaparecer en el momento menos pensado y entonces me quiero arrancar los ojos. Y aún así, cuando respiro hondo y trato de ser objetiva y pensar que no está tan mal, que hay cosas peores, que hay gente mucho más pesada, que quien no llora no mama, soy incapaz de pedirle a la gente que lea mis novelas y, si lo hago, doy por hecho que estoy molestando para nada porque de todos modos no lo va a leer nadie.

Es un puto coñazo ser yo, os digo.

Aún así, a pesar de todas esas paranoias e inseguridades, ha habido momentos en que he disfrutado escribiendo (aunque nunca, jamás, releyendo. Esto es así). Cada vez más breves y más espaciados en el tiempo y menos intensos, pero a veces todavía aporreaba el teclado y me preocupaba poco todo lo del párrafo anterior.

Ahora mismo, como en el 2004, estoy pasando por una crisis existencial, así dicho sin drama apenas. Hoy he quedado con Sniper y hemos hablado de ello. De cómo llevo en la crisis de los 40 desde los 20. Es agotador. Siento que molesto a los demás y a mí misma, que estorbo, que ya no sólo las cosas que produzco son mediocres tirando a terribles, sino que encima (y eso es peor) ya ni siquiera me hacen sentir bien. Hace unas semanas me puse a pensar y descubrí que cuando escribía fanfiction no escribía mejor, pero sí me lo pasaba mejor. Infinitamente mejor. Nunca era fácil, pero a menudo era divertido. No había la presión inherente a los originales, ya no sólo respecto a crear sino también a las expectativas que genera, al tener que creer que merece la pena sacarlo al mundo, al tener que hacérselo creer a los demás. El mueble de ikea ya venía montado y tú podías tirarte en él a jugar, y cuando te hartases de jugar o se rompiera no pasa nada, hay trescientos millones más en trescientos millones de colores.

Y por eso, señoría, y resumiendo, es por lo que he decidido volver a los brazos de mi primer amor y escribir fanfiction este noviembre. Porque estoy hasta los cojones de mí misma y de frustrarme por cosas que no tienen solución.