autopublicar es de villanos y filibusteros

by adhara

El otro día Canal Nostalgia enlazó un artículo super majo y super concienzudamente pensado y razonado sobre lo malos malísimos que somos los autores que nos autopublicamos y cómo estamos en el centro de todo lo que está matando la decencia y el buen gusto en el mundo. Dejando aparte que el autor fuera un troll de la vida sí que mencionaba algunas cosas que no dejan de salir cada vez que alguien habla de autopublicar. Ahora que soy autora autopublicada y que no sé muy bien qué contaros hoy que me permita quedarme en esta pestaña un rato más antes que tener que irme a estudiar sintaxis, voy a tocar en un par de estos puntos omnipresentes. Antes quiero aclarar que como de costumbre esto es sólo mi opinión y tiendo a dar mi opinión de forma acelerada y en plan vómito de palabras, así que si os gustan los gifs de Christina Hendricks usados a modo de respuesta y las frases interminables que se muerden la cola no tenéis más que seguir leyendo! (Para más opiniones de estas mías tan bien pensadas y analíticas ya escribí sobre gente que no quiere aceptar que se autopublica hace unos añitos).

– Pero es mucho mejor que te publique una editorial! Así tienes distribución y editores y gente que te publicite!

Hostia, no se me había ocurrido! Si lo llego a saber por supuesto que habría llamado a Mondadori a decirles que oye, que prefiero que me publiquen ellos a tener que maquetar y diseñar un libro sin ser maquetadora ni diseñadora, que mejor que me publiciten sus equipos de profesionales en vez de tener que darle la coña a mis amigos por twitter y fb, y que prefiero que un editor se encargue de encontrar todos esos laísmos que inevitablemente se me cuelan porque puedes sacar a la Adhara de Santander, pero no a Santander de la Adhara.

Esto me produce un sentimiento de facepalm especial porque se lo lees decir a mucha gente (generalmente publicada) y, a ver, no tengo datos (ya hemos quedado en que este post es 100% personal) ni estadísticas pero me atrevería a aventurar que el 90% de los escritores que se autopublican preferirían que les publicasen editoriales al uso. A eso hay que sumarle el 8% que va de indie y lobo solitario y asegura que ellos jamás se venderían, que curiosamente son los que más rápido se bajan los pantalones hasta los tobillos para todas estas cosas y firmarían la venta de su madre en cuanto surgiera la oportunidad. No puedo hablar por los demás escritores autopublicados pero ahí va mi opinión: claro que preferiría que alguien que sabe del tema me editase, diseñase, publicitase y pagase, pero no ha podido ser. La autopublicación no suele ser la primera opción de nadie.

– Autopublicarse es arrogante.

Totalmente de acuerdo, tenemos un puntillo de “pues me da igual que mi libro sea mierda, yo lo quiero ver en Amazon”.

– Nadie se hace rico autopublicándose.

Hay gente que piensa que sí y deja su trabajo el día que sube su novela a Amazon. Hay gente que piensa que no y se autopublica y sigue con su vida. Hay gente que se saca un dinero. Hay gente que ha conseguido contratos serios y con ceros haciéndolo. Hay gente que publicó como fanfiction cosas que ahora son bestsellers y se descojonan del universo en su piscina olímpica rellena de billetes, y después de todo en cierto modo hay pocas cosas que sean más autopublicación que la fanfiction. Este comentario tiene más ramificaciones que un pulpo mutante y da para tres millones de posts.

Personalmente cuando decidí autopublicarme sabía que no iba a ganar dinero con ello, principalmente porque también fue cuando decidí que a partir de ahora todo lo que autopublique estará colgado gratuitamente en otro lugar de la red. Así que no, obviamente aunque de repente 20millones3 saliera recomendado en el club del libro de Oprah no me iba a hacer rica. Sincera y ególatramente a mí lo que me hace ilusión es que me lean, sea gratis o pagando, y prefiero mil veces que alguien deje un comentario o escriba una reseña o me mande un mail diciéndome que menuda mierda de final a que me lleguen 50 céntimos de royalties de Amazon anónimos una vez al mes. Pero sé que en esto estoy en la minoría porque todo el mundo tiene sus razones y sus incentivos y yo qué sé, igual si un día me hago famosa cambio de opinión. A día de hoy es lo que hay. Soy el equivalente escritoril al pelma de la iglesia de la cienciología que insiste en que te lleves un panfleto.

– Las cosas publicadas han pasado por un proceso que asegura su calidad.

A todos nos gustaría que las editoriales fueran guardianas del saber y del buen hacer, pero si de verdad te crees esto o eres gilipollas o me encantaría visitar tu dimensión paralela. Una editorial es un negocio y si algo que es una mierda se considera vendible, lo van a vender o al menos a intentarlo. Caso extremo de este tipo de decisiones por las que nos llevamos las manos a la cabeza, porque me apetece compartir anécdotas surrealistas y algo deprimentes: hace muchos años conocía de foros a una chica que se autopublicaba. Nunca reconoció que se autopublicaba y a base de mentir y una cuidadosa campaña de darse bombo consiguió que se fijara en ella una editorial pequeña pero que en esos momentos tenía dinero gracias a un golpe de suerte (que luego no supieron aprovechar precisamente por cosas como esta). La editorial se tragó hasta tal punto el circo de pulgas que había montado esta chica sobre cómo sus libros se publicaban en Argentina e iban por la tercera edición que le ofreció un contrato con un adelanto por tres libros. Les mandó el primer libro y era una mierda pinchada en un palo. La respondieron con sugerencias para editarlo y ella se negó; ese era el libro, el contrato decía que iban a publicárselo y la editorial podía arrear. La editorial tuvo que arrear. Ese libro se publicó y se distribuyó, tal cual, por toda España, y el día que me lo encontré en la librería de debajo de casa fue el día que asumí que publicado != bueno ni por el forro de los cojones. También lloré un poco, no os voy a mentir.

Como digo esto es un caso extremo de imbecilidad extrema por parte de todas las partes contratantes (bueno, no tanto por parte de la escritora, que supo montárselo muy bien). Era una editorial novata que se fió de que esta chica era tan popular como se presentaba y la cagaron a base de bien, pero a la hora de la verdad la cagaron por lo mismo que otras se embolsan millones: sabían perfectamente que lo que estaban sacando a la calle era una mierda pero eh, los fans lo comprarán y se suponía que esta chavala venía ya con fans de serie. Es un poco de suerte y un mucho de saber cómo colocarlo, y ahí está Cassandra Clare para demostrarlo.

– La autopublicación quiere echar abajo la santa industria editorial.

Sinceramente no sé ni qué decir ante esta chorrada tan colosal y tanto miedo a las nuevas plataformas aparte de: