La idea que te muerde la cabeza

Una de las excusas más usadas, abusadas, manoseadas y prostituidas que se inventa la gente para no participar en el NaNoWrimo o para no escribir, en general, es algo que nos ha pasado a todos. A todos. Y cuando digo a todos me refiero también a Michael Ende o a George Martin o a los monitos de la China que escribieron la Biblia, es igual.

“Es que no tengo argumento”.

Como diría Marizza: Un argumento, un pomelo! Que no sé muy bien qué quiere decir pero expresa perfectamente mi profunda indignación ante la frase de marras y sus hermanas y primas: “Es que no se me ocurre nada”, “Es que no tengo plot”, “Es que no tengo nada que contar”, “Es que es una tontería” y una muy pero muy usada por eso de que a algunas personas el peloteo les sirve para suavizar estas situaciones incómodas en las que no quieren admitir que son unos vagos de mierda, “Es que no tengo tanta imaginación como tú”.

Contrariamente a lo que pueda parecer o a lo que muchos parecen pensar, los argumentos, las ideas, los plots y las caracterizaciones no crecen en los árboles ni vienen con pilas incluidas y en colores para elegir como una Cabbagge Patchkid. Incluso si es así y alguien recicla un argumento ajeno y lo escribe, otro alguien ha tenido que pensarlo. Poniéndome un poco metafísica ningún argumento, en el momento de su concepción mismo, viene completo. Margaret Mitchell posiblemente no se despertó un día con el esquema detallado de los personajes de Lo que el viento se llevó en la cabeza. Tampoco improvisó el argumento completo mientras se lavaba los dientes. Posiblemente empezó con una idea tonta o una idea lista o un “Fiddle dee dee, qué interesante!” mientras leía un artículo revolucionario sobre a partir de qué hora es adecuado para una señorita enseñar los hombros en el curso de una reunión social.


NaNoWriMo 2007, lección de historia

NaNoWriMo 07

Curioso que la inauguración de esta cosa coincida con mi TERCER AÑO CONSECUTIVO GANANDO EL NANOWRIMO, YAY ME!! Ha sido un mes chungo, precedido por otro mes chungo en el que ya había llevado ritmo de NaNo para poder presentar 20millones3 al jodido Minotauro, en un gesto simbólico de tres kilos de peso. Ains, tal cual un recién nacido de los de verdad :’) Quién lo iba a decir hace tiempo.

Todavía me acuerdo del primer año que me apunté al NaNoWriMo, en el 2004, mientras trabajaba en la pizzería. Apuntaba las ideas para el argumento de La risa del fylgia en los tickets de las cajas registradoras (toma anécdota de las de biografía xD) y volvía a casa con chorropocientos papelitos escritos a toda prisa sobre el congelador de los Hagen Dazs. Para qué negarlo: no sirvió de gran cosa porque la mayoría de las veces mi letra, que ya de por sí tiene tela, estaba empapada/ilegible/manchada de tomate. Tampoco se podía decir que fueran buenas ideas. En realidad para cuando llegó Noviembre practicamente no tenía ni plot. Y además venía de una inmersión total en la fanfiction; escribir originales para mí era como tener que depilarse con los dedos. No era lo que se suele decir la candidata perfecta para ganar el NaNo, aunque cosas más raras se hayan visto. Principalmente porque no me lo creía, que es a la hora de la verdad lo que decide si lo ganas o no.

Sin embargo lo que terminó de joder del todo aquel intento fue el viaje que hice el primer fin de semana de Noviembre, primero a Madrid y después a Sevilla a ver en concierto a Sonata Arctica y Howard Shore respectivamente. La parte del viaje referente a Madrid fue de culo desde el principio y lo único bueno que trajo fue un plot bunny bastante simpático para Jylian gracias a una exposición en el Retiro y el conocer a Nimura y a sus amigos en el concierto (cancelado por un caso agudo de Tony Kakko abrazado a una botella de vodka, ay!).

-A día de hoy la menda no ha ido aún a ningún concierto de Sonata Arctica ni cree que vaya a hacerlo-